También yo mentí un poco cuando en la entrada anterior escribí que nos quedaríamos por la zona de Rhode Island para ver el Este de los Estados Unidos, pero había un buen motivo para ello. Desde hacía tiempo teníamos comprado el billete de avión de vuelta, pero no queríamos que nuestra familia lo supiera con el fin de aparecer en casa sin avisar, así que por eso os mentimos queridos amigos. Lo sentimos, no nos gusta mentir, pero nos apetecía dar una sorpresilla…

Y sí, ya estamos en Madrid.

Os dejé la última vez en Rhode Island, así que resumiré un poco los días posteriores. De Wakefield (Rhode Island) fuimos en tren hacia Nueva York. Fuimos porque nuestro billete de avión de vuelta era desde allí, y también porque teníamos que recuperar el dinero de nuestro depósito de la empresa de coches y claro, también para ver la ciudad.

Estuvimos en tres casas distintas, ya que no encontramos ningún couchsurfer que nos alojara la semana entera (en ciudades grandes suele ser mucho más difícil también). Total, que la primera casa a la que fuimos estaba en Brookyn, y nos acogió Rachel, una chica que vivía con tres compañeros de piso y dos grandes perros.

Con ella vimos algunas cosas de la ciudad, como China Town, Little Italy (y tan Little, que solo son 3 calles…) y cogimos un ferry que iba a Staten Island, desde el que se veía la Estatua de la Libertad, que por cierto en la realidad es mucho más pequeña de lo que parece en las fotos .

Caminando por Little Italy nos metimos en China Town, que es enorme (de hecho creo que le está comiendo terreno a Little Italy) y sin querer nos metimos en un parque lleno de chinos ancianos jugando a cartas y juegos raros.

De Williamsburg, zona de Brooklyn en la que vivía Rachel, nos mudamos a Crown Heights, algo más curiosa debido a la mezcla de razas. Allí nos acogió Sean, profesor de instituto y buen conocedor de cervezas. Nos llevó a un bar a probar cerveza de calabaza con canela, muy rica. Lo pasamos bien con él, era muy majete.

Después fuimos a otro barrio de Brooklyn, llamado Brooklyn Heights, bastante más bonito que nos anteriores. Fuimos a casa de Scott, nuestro último anfitrión del viaje. Con él también lo pasamos de maravilla e hicimos varias cosas interesantes. Nos llevó al puente de Brooklin, que cruzamos y después estuvimos paseando por Manhattan. También nos llevó a un restaurante porque nos dijo que no podíamos irnos de la ciudad sin probar la pizza de NY, así que eso hicimos y no estuvo mal, se parecía bastante a la pizza napolitana (guardando las distancias).

Scott me dijo que había un evento fotográfico en Brooklyn, en el que se juntaba mucha gente con la cámara y hacían un recorrido por una zona antiguamente industrial (ahora reconvertida en lofts carísimos y cosas así) pero donde había cosas interesantes que ver, sobre todo de arte urbano. Así que ahí que fuí, mientras Antonio se iba con Scott. Pasé un buen rato haciendo fotitos por ahí la verdad. Después aproveché para hacer fotos de Manhattan de noche.

Y nada, nuestra aventura terminó por tanto en el aeropuerto de Nueva York. Desde allí cogimos un avión a Dubín, de ahí otro a Londres, ocho interminables horas de espera en Londres, y avión a Madrid. Un viaje muy largo, que nos hizo tener más ganas que nunca de llegar a casa.

Sorprendimos a la familia con nuestra llegada, y de momento nos dedicaremos a hacernos a la idea de que estamos aquí, que aún no lo hemos asimilado del todo.

Nos vemos pues, porque como bien dice mi padre: “Siempre vamos y volvemos, y siempre camino a casa” 😉

(Como siempre, alguna foto más (y más que subiré) en Picassa y Flickr)

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